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Qué ver en Galicia: las rías, los pueblos marineros y el interior verde
Galicia no se recorre en línea recta. La costa se pliega en rías —valles fluviales invadidos por el mar— y eso multiplica los kilómetros de litoral y obliga a moverse por dentro para pasar de una a otra. El resultado es un territorio donde en media hora se cambia de arenal abierto a puerto abrigado, y en una hora de mar a viñedo en pendiente.
Las rías, de sur a norte
Las Rías Baixas concentran lo que casi todo el mundo busca en un primer viaje: agua más templada, arenales largos y pueblos que viven del marisqueo. Tui vigila el Miño frente a Portugal desde su catedral fortificada y es la puerta del Camino Portugués; Baiona guarda el puerto donde volvió la carabela La Pinta, con su fortaleza de Monterreal convertida en paseo sobre el mar y el castro del monte Santa Trega cerrando la costa en la boca del Miño. Combarro alinea hórreos junto al agua en una postal difícil de repetir, Cambados es la capital del albariño y O Grove y la ría de Arousa, la despensa de bateas de mejillón. Frente a la boca de la ría de Vigo están las Islas Cíes, dentro del Parque Nacional de las Islas Atlánticas, con acceso por barco y cupo diario.
Hacia el norte el tono cambia. Cangas do Morrazo mira a Vigo desde la otra orilla, A Coruña cierra su istmo con la Torre de Hércules y Ferrol conserva el trazado militar del barrio de la Magdalena. La costa que sigue es más abierta y más fría, con acantilados que ya anuncian el Cantábrico.
El interior: Ribeira Sacra, termalismo y pueblos de piedra
El error habitual es quedarse en la costa. Chantada es una de las entradas naturales a la Ribeira Sacra, donde el Sil y el Miño han excavado cañones de laderas casi verticales cultivadas en bancales —una viticultura heroica que se trabaja a mano y a veces se vendimia en barca— y donde se concentra la mayor densidad de románico rural de Europa. Los miradores sobre el Sil y los catamaranes que lo remontan son el modo más directo de entenderlo.
Ourense es la otra sorpresa del interior: una ciudad con aguas termales en pleno casco, las Burgas brotando a más de sesenta grados, y una red de pozas a lo largo del Miño que se usan todo el año. Mondariz, en Pontevedra, vive de la misma lógica balnearia desde el siglo XIX. Veinte kilómetros al sur de Ourense, Allariz enseña la otra cara del interior: villa medieval de granito sobre un meandro del Arnoia, con la ribera entera convertida en parque y una rehabilitación urbana premiada en Europa. Y la misma lógica termal continúa al otro lado de la raya: desde Verín, la portuguesa Chaves queda a veinticinco kilómetros, con su agua a 73 grados y su puente romano.
Santiago y el Camino
Santiago de Compostela es final de ruta y ciudad de piedra mojada, con un casco declarado Patrimonio de la Humanidad que se recorre entero a pie. Llegan a ella varios caminos: el Francés desde el este, el Portugués que entra por Tui, el Primitivo desde Oviedo, el Inglés desde Ferrol y A Coruña. Cada uno tiene su carácter, y ninguno se parece a la Vía de la Plata, que sube desde Andalucía y pasa por la Sierra Norte de Sevilla antes de girar hacia el noroeste: esa etapa está descrita en la Vía de la Plata.
Cuándo ir y qué se come
De mayo a septiembre es la temporada útil, con julio y agosto llenos. La lluvia es parte del paquete: aquí el verde se paga. En la mesa manda el producto sin adornos —pulpo, percebes, navajas, empanada, lacón, ternera rubia gallega— y el vino se bebe joven y frío, albariño en las Baixas, godello y mencía en el interior.
- Provincias
- A Coruña, Lugo, Ourense, Pontevedra
- Mejor temporada
- de mayo a septiembre
- Parque nacional
- Islas Atlánticas de Galicia, con acceso por cupo
- Caminos que llegan
- Francés, Portugués, Primitivo, Inglés, del Norte
Quedan fuera de este resumen media docena de paradas que sostienen bien un día entero: Combarro, con su hilera de hórreos plantados al borde del agua; Cambados y O Grove, la capital del albariño y el embarcadero de la ría de Arousa; Mondariz, balneario de finales del XIX en el interior de Pontevedra; y Ferrol, con su barrio de la Magdalena en damero ilustrado y el arsenal militar al lado. El índice completo del país está en destinos.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la mejor época para viajar a Galicia?
De mayo a septiembre, con julio y agosto como meses de más gente y de agua más soportable. Mayo, junio y la primera mitad de septiembre dan el mejor equilibrio: días largos, temperaturas suaves y menos ocupación. El invierno es lluvioso y ventoso en la costa, aunque el interior tiene su propio atractivo con las bodegas de la Ribeira Sacra y los balnearios de Ourense.
¿Rías Baixas o Rías Altas?
Las Baixas, al sur, tienen aguas más templadas, arenales grandes y los pueblos de bateas y marisqueo: O Grove, Cambados, Combarro, Baiona. Las Altas, al norte, son más abiertas y espectaculares, con acantilados altos y playas de mar frío. Para una primera visita con playa, las Baixas; para paisaje bruto, las Altas.
¿Se puede visitar las Islas Cíes?
Sí, en barco desde Vigo, Cangas do Morrazo o Baiona en temporada, y con autorización previa porque forman parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas y tienen cupo diario de visitantes. La travesía es corta y el número de plazas se agota pronto en agosto.
¿Qué provincias tiene Galicia?
Cuatro: A Coruña y Pontevedra en la fachada atlántica, Lugo al norte y noreste, y Ourense en el interior sur. La costa concentra la mayor parte del turismo, pero el interior de Lugo y Ourense es donde están los cañones del Sil, el termalismo y los pueblos de piedra menos transitados.
¿Hace falta coche?
Para la costa principal no: Vigo, Pontevedra, Santiago, A Coruña y Ferrol están conectadas por tren y autobús. Para la Ribeira Sacra, los miradores del Sil, las playas pequeñas y los pueblos del interior sí, porque el transporte público es escaso y las distancias cortas se hacen largas sin vehículo.