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Qué ver en Cantabria: la costa, los valles del interior y las cuevas

Cantabria funciona como una escalera corta: costa, valles y alta montaña en menos de cien kilómetros. Se puede dormir junto al mar y estar a media mañana en un desfiladero de los Picos de Europa, y esa proximidad explica por qué la región se recorre bien con una sola base y coche.

La costa, de Laredo a Comillas

Santander organiza su frente marítimo entre la bahía y el Sardinero, con el palacio de la Magdalena en la península y el Centro Botín como añadido reciente al muelle. Al este, Laredo combina una playa de arena larguísima con la Puebla Vieja, el casco medieval en cuesta que la mayoría de los veraneantes ni pisa; Santoña cierra el estuario y vive de la anchoa en salazón, con el monte Buciero como mirador.

Al oeste el tono es más señorial. Comillas reúne tres piezas en pocos metros: El Capricho, obra temprana de Gaudí, el palacio de Sobrellano y la antigua Universidad Pontificia dominando la loma. Suances y Somo completan el litoral por el lado de las playas abiertas y el surf; Somo es la que más usan los santanderinos, porque se cruza en barco desde la ciudad.

Los valles: Liébana, Campoo y los Pasiegos

Tierra adentro cambia todo. Potes es la capital de Liébana y la puerta suroeste de los Picos de Europa, con el desfiladero de La Hermida como acceso: veinte kilómetros de paredes verticales siguiendo el Deva. Desde allí se alcanza Fuente Dé y su teleférico, y el monasterio de Santo Toribio.

Al sur, Reinosa manda en la comarca de Campoo, con el embalse del Ebro al lado y el nacimiento del río en Fontibre a pocos kilómetros; Argüeso conserva un castillo medieval sobre el valle. En el flanco oriental, los valles pasiegos —Selaya, Solares, Obregón— son de prados cerrados, cabañas dispersas y repostería con nombre propio.

Cuevas: el arte más antiguo del país

Cantabria concentra una de las mayores densidades de arte paleolítico del mundo. Altamira, cerca de Santillana del Mar, se visita a través de la Neocueva, una réplica exacta del techo de los policromos, porque la cavidad original permanece cerrada para conservarla. Las cuevas de Monte Castillo, en Puente Viesgo, sí se recorren por dentro y forman parte del mismo conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad. Es la parada que más cambia la idea que uno trae de la región.

Villas de piedra y una cueva de yeso

Al margen de la costa abierta y de Liébana, la región concentra un puñado de cascos históricos pequeños y muy seguidos. Santillana del Mar ordena dos calles empedradas entre casonas blasonadas y la colegiata románica de Santa Juliana, con su claustro de capiteles; conviene entrar temprano o al final del día, porque a mediodía se llena. San Vicente de la Barquera cruza su ría por el puente de la Maza y guarda la iglesia de los Ángeles sobre el puerto, con la sierra nevada al fondo en invierno. Castro Urdiales cierra el este con una iglesia gótica de aire catedralicio junto a un faro levantado sobre los restos de un castillo, y Bárcena Mayor, dentro del parque natural Saja-Besaya, es el pueblo de arquitectura tradicional mejor conservado del interior.

La otra cavidad que compite con las prehistóricas es de otro tipo: El Soplao, en el macizo de Arnero, recorre por dentro una antigua explotación minera de blenda y calamina y muestra formaciones excéntricas de aragonito que crecen contra la gravedad. Y a media hora de Santander, el parque de la naturaleza de Cabárceno ocupa una corta minera reforestada, con recintos amplios recorridos en coche.

Cómo se recorre

La autovía del Cantábrico une Castro Urdiales con San Vicente de la Barquera en poco más de una hora, y de ahí salen todas las carreteras de valle hacia el sur. El aeropuerto está a diez minutos del centro de Santander, y del puerto salen ferris a Inglaterra e Irlanda. El tren de vía estrecha cubre la costa y el eje hacia Reinosa; para Liébana y los valles pasiegos hace falta coche.

Cuándo ir

De junio a septiembre para la costa, sabiendo que el agua es fría en cualquier mes. De mayo a octubre para caminar por los valles. El otoño en Liébana y Campoo compensa la niebla con bosque y carreteras vacías.

Provincia
una sola, Cantabria
Distancia Santander–Potes
unas 2 h por el desfiladero de La Hermida
Patrimonio de la Humanidad
Altamira y las cuevas del norte peninsular
Mejor temporada
junio–septiembre en la costa, mayo–octubre en el interior

El índice completo de destinos del país está en destinos.

Preguntas frecuentes

¿Se puede entrar en la cueva de Altamira?

En la original no, salvo en visitas experimentales muy restringidas por sorteo entre los visitantes del museo. Lo que se recorre es la Neocueva, una réplica exacta que reproduce el techo de los policromos. Otras cuevas de la región con arte paleolítico, como las de Monte Castillo en Puente Viesgo, sí admiten visita guiada a la cavidad real.

¿Qué pueblo de la costa merece más la parada?

Comillas, por la combinación de El Capricho de Gaudí, el palacio de Sobrellano y la Universidad Pontificia sobre la loma. Laredo tiene la playa larga y un casco antiguo, la Puebla Vieja, que casi nadie sube a ver. Santoña vive de la anchoa y de un monte con vistas al estuario.

¿Cuánto se tarda de la costa a los Picos de Europa?

Alrededor de hora y media desde Santander hasta Potes, subiendo por el desfiladero de La Hermida, uno de los tramos de carretera más encajonados del norte. Esa cercanía es lo que permite combinar playa y alta montaña en el mismo viaje sin cambiar de base más de una vez.

¿Cuál es la mejor época para ir?

De junio a septiembre para la costa, con agua fría todo el año. Para los valles y las rutas de montaña, de mayo a octubre. El otoño es especialmente bueno en Liébana y Campoo, con menos gente y bosque cambiando de color, aunque con más probabilidad de niebla en los puertos.

¿Qué se come en Cantabria?

Anchoas de Santoña, cocido montañés de alubia blanca y berza, rabas, quesucos de Liébana y la repostería pasiega: sobaos y quesada, que en Selaya y su comarca son producto de obrador y no de supermercado.